Galen

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Otros casos de éxito

Nota: estas crónicas de las 3 veces que Amy y yo luchamos contra el moquillo desde febrero de 1996 hasta febrero de 1997, después de que publique esta historia en Internet en mayo del 2000, el Dr. Sears se sintió obligado a publicar los detalles de su tratamiento. Es cierto que mi historia esta solo ligeramente editada.

Déjenme decirles los nombres de nuestros perros.

Tug era un perro desechable, una mezcla de pastor de 8 semanas, con pelo devastado por la sarna. Como Amy yo la paseábamos a rededor de la cuadra, giraría la correa en frente de ella, ella la atraparía y bueno, Tug de nuevo.

La tuvimos hace un año en febrero, ella se marchó ese marzo.

Selkie era un labrador negro, con algo de pastor, un desastre comiendo, con su nariz continuamente manchada con la comida anterior.

Ella fue llamada Hope, por una antigua criatura Gaélica mítica del océano, una relación insegura con el hombre. La esperanza fue que ella no nos dejaría.

La habíamos rescatado a mediados de mayo, ella se fue a mitad de junio. Para ese momento encontramos a Shadow, en octubre, estábamos mentalmente exhaustos, demasiado secos para un nombre creativo, pero ella nos seguía como una sombra por toda la casa, así que aplique el verbo en ella. Un perro boyero (pastor ganadero australiano) -de nuevo con algo de pastor- ella es musculosa, y muy nerviosa, comenzaba a ladrar a la 1:00 AM, y ya fuera Amy o yo, nos arrastrábamos fuera de la cama y si teníamos la paciencia, cerrar nuestras manos alrededor de su cabeza, haciendo contacto visual y tan calmadamente como fuera posible decir: “no ladres”

El primer acto de Galen con nosotros –este febrero- fue poner su barbilla en el muslo de Amy, seguido de una pata, después otra. Su nombre significa calma en Gaélico, pero después aprenderíamos que su comportamiento era parte del fraude, el ya estaba cansado de luchar contra un viejo amigo nuestro.

En un año, peleamos con ese enemigo cuatro veces, y se volvió tan familiar con su ataque, el silencio, decepción y traición.

Hace trece años era tan común como las pulgas, hoy los veterinarios nos dicen cuan desafortunados fuimos de enfrentarlo tan a menudo. La mayoría de los veterinarios nunca lo ven

El recuento hasta ahora: dos muertos un sobreviviente y otro que nunca fue atacado.

Ahora déjame decirte cómo luchó moquillo canino.

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”El pequeño perro café que ordenó ha llegado” decía el mensaje en nuestra contestadota ese sábado lluvioso de febrero por la tarde, fue “la dama de los Ángeles” “no requiere ningún pago, solo necesita recogerla”

Amy y yo llamamos a mi hermana Karen la dama de los Ángeles. Ella siempre tiene golosinas en su carro para atraer perros de la calle y también los reúne con sus propietarios, o les encuentra casa. Tug había sido dejado en el baño de mujeres en un mercado de granjeros, fue encontrada en una caja junto a un bote de basura.

Esa noche, vimos a una criatura sucia de cuatro patas caminar a rededor del patio de Karen en esa descontrolada marcha de la muerte de los que no tienen hogar, menos por un cachorro que su escuálida piel rosa solo permanece unida por agotamiento y desesperación. No supimos decir que tipo de perro era.

Amy acaricio su cabeza y dijo “no se nada de esto” y le contesté “lo intentaremos por una semana y veremos que pasa”

Yo era quien quería un perro, nuestra boda de verano fueron unos meses de descanso, tuvimos dos gatos, pero un perro ayuda a hacer un hogar. Pero el enemigo ya había invadido y estaba ensamblando un ejército microscópico en nuestra contra, y no lo sabíamos.

Amy me llamo después del primer viaje de Tug al veterinario para vacunas y una revisión y me dijo “tengo una palabra para ti” “sarna”

Ella necesitara baños por las siguientes cuatro semanas para eliminar los parásitos microscópicos que se han comido su pelo negro y café. Tuvimos que mantener a los gatos lejos de ella, usando botes de spray para alejarlos, algunas veces tenia que dejarla sola en el baño, pero la música clásica la tranquilizó.

Las primeras dos noches, la marcha fúnebre continuó, la encontraría en la obscuridad, donde ella hizo una pasusa alrededor de la cama y durmió. Entonces ella se dio cuenta que no tenia que caminar, que tenia una casa, descansó comió y lentamente el perro verdadero emergió, le trajimos juguetes apretujables, y le dimos baños de avena para restaurar su pelaje. Un día Amy dijo “realmente escogiste un gran perro”. Esa mañana, después de su caminata, Tug se sentó para protestar por su rutina siendo rota y Amy dijo “es como si estuviera diciendo sabes que olvidas algo ¿verdad? Amy había olvidad dejarla jugar con el juguete de su bolsillo, así que ellas jugaron por 15 minutos, Tug persiguiendo y alrededor de las piernas de Amy, y ella dijo “amo a esta perrita”

Como un virus aéreo, el moquillo usualmente es respirado en forma de aerosol de las descargas nasales de un perro infectado, aun que algunas veces puede ser ingerido, según dijo la Dra. Janeth Foley, una compañera de enfermedades infecciosas en el Centro Para la Salud de Animales de Compañía en la U.C. Davis. Es un virus altamente inestable que no sobrevive más de unas pocas horas fuera del cuerpo del perro. El virus se esparce en ambientes cerrados, como los refugios.

Dentro de las primeras 24 horas de la exposición – antes de que la encontraran en el baño- el virus ya había alcanzado las amígdalas y el sistema linfático, atacando primero sus defensas naturales, para el segundo o tercer día, el virus estaba atacando sus células mononucléicas, una clase de enfermedad atacando los glóbulos blancos. Una fiebre puede desarrollarse dentro de los siguientes cuatro días, según dijo Foley.

En su segunda visita al veterinario después de tenerla por una semana Tug estaba recibiendo antibiótico para escurrimiento nasal, en esta etapa, el moquillo no es distinguible de un problema menor, como tos de las perreras, pero ahora estaba atacando las células epiteliales en el revestimiento del tracto respiratorio, no lo sabíamos.

Le dimos las pastillas con trucos, envolviéndolas en pequeños pedazos de pan, y le hacíamos sentar para dárselos, y pronto aprendió a sentarse por ellos, como diciendo “me sentare por que los amo”.

Amy llevó a Tug trabajar a con ella en Sherman Oaks, y se convirtió en favorita ahí y con el veterinario. Tug los seguía por la oficina, meneando su cola cuando llegaba a recogerlas al final del día. Una compañera de trabajo de Amy dijo que Tug tenía voluntad de vivir ahora, y que esa era la diferencia. En el moquillo el curso de ataque, varía con la cepa individual del virus y de la habilidad del animal de luchar contra la enfermedad. Los cachorros especialmente aquellos que no han tenido ninguna inmunidad natural de la leche materna, son menos propensos a luchar. Entre el tercer y noveno día se ha esparcido através del perro. El virus ataca las células con lo que es llamado respuesta citopática, invadiendo una célula sana, causan que sen hinchen y mueran.

El peligro de la sarna, y después de 4 semanas, las barreras y puertas que habíamos usado para mantener a los gatos alejados se vino abajo. La llevé a Moorpark Collage, donde enseñaba periodismo, y la dejé jugar con los estudiantes. Eran alrededor de las 7 de la mañana, en vez de ensuciar la alfombra como de costumbre, Tug ladró para salir por primera vez y después se retorció y chilló a mis pies, esperando para que la sacara.

El enemigo había ensamblado sus fuerzas. Esa tarde el virus atacó. El moquillo había destruido, los glóbulos blancos, que llenan un revestimiento llamado meninges –entre el cordón espinal y el cerebro- eso había estado defendiendo la materia gris de Tug. Después de la primera convulsión, Tug estaba confundida y ladrando. Amy y su jefe tuvieron que arrinconarla, antes de que pudieran llevarla con el veterinario más cercano en Studio City.

Lo que había pasado fue similar a usar un par de cortadores de alambre para quitar el aislamiento de un cable eléctrico. Las células nerviosas están protegidas por una vaina de células llamada mielina. Si la mielina disminuye es muy similar a un corto circuito según dijo Foley.

La mielina no necesariamente es destruida por el moquillo, pero algunas veces es destruida por los propios anticuerpos del perro tratando de atacar el virus.

La primera convulsión de Tug fue breve. El veterinario de Studio City dejó volver a Tug a la oficina. La epilepsia era una de las posibilidades, o quizá ella comió una araña, o había algo llamado moquillo.

Amy dejó a Tug en la oficina con sus amigos, para trabajar un turno en su otro trabajo como cantinera. Estaba planeando ir a recogerla cuando mi buscador se apagó de nuevo, estaba sonando. Tug tuvo otra convulsión mucho más fuerte, y lo llevaron de nuevo al veterinario de Studio City, y la lluvia estaba cayendo en finas bolitas, haciendo difícil encontrar el edificio correcto en Ventura Boulevard. Esperé por media al Dr. Stein para verlo.

El moquillo aun era una de de muchas posibilidades, hasta que llegaran los resultados de los exámenes de sangre al día siguiente, si era moquillo, bueno, según el Dr. Stein dijo, los perros enfermos usualmente no viven.

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El Doctor me llevo a una habitación donde los gatos están hospedados –el moquillo solo es contagioso entre caninos-Tug había sido puesta ahí como precaución. Se le habían suministrado drogas, pero aun así se arrastraba fuera de su sopor para decir hola.

El teléfono sonó temprano la mañana siguiente, Tug había tenido mas convulsiones. Stein nos dijo que deberíamos estar preparados para lo peor. Dijimos que nos gustaría llevarla de vuelta a casa, y si podía recogerla esa tarde.

Llamé a Amy después de dar la clase matutina, y me dijo que era moquillo, y agregó firmemente “no es una sentencia de muerte, vamos a hacer todo lo que podamos por ella” yo le dije “puedes apostarlo”. Fortalecer el sistema inmune era la clave, según nos habían dicho, y nuestro veterinario regular estaba dispuesto a intentar algunos tratamientos.

De alguna manera, para nosotros eso se convirtió en un voto de pelear por Tug de cualquier manera que pudiéramos.

“Después de que estos cambios suceden, los perros no tienen muchas oportunidades” dijo Foley. La Dr. Stein nos explico la medicación básica esa tarde: fenobarbital y antibióticos cada 12 horas, el fenobarbital era para controlar las convulsiones y los antibióticos- lo cual yo había asumido originalmente eran para atacar el virus- eran para prevenir enfermedades secundarias en la ausencia de sistema inmune, debilitado o ya destruido por el virus. También le dieron valium para complementar el fenobarbital.

Cuando nos fuimos el doctor nos dijo que Tug tampoco mejoraría en una semana “Las convulsiones solo empeorarán” un joven rubio nos entregó a Tug, a través de una puerta en la parte de atrás del edificio. Los músculos en la cabeza de Tug estaban rígidos y abultados, salía saliva de su hocico y mucosidad cubría el pelo de su pecho. La envolví en una toalla azul y la llevé en mis brazos para ponerla en el regazo de Amy dentro del carro.

A lo largo de la hora que maneje a casa en el trafico del atardecer, tomamos turnos para hablarle: “buena niña Tug, vas a estar bien”. Ese viernes por la noche, dormí en el sillón, Amy estaba trabajando de bartender y los días anteriores parecía que se iba todo el día limpiando a Tug, tratando de tenerla cómoda, dándole el medicamento, y alimentándola. Con las convulsiones y las drogas, Tug había estado inconsciente por un par de días. Entonces me dormí en el sillón cerca de las 12:30 AM, algo se movió cerca de mi brazo. La había dejado en una canasta en el piso a mi lado, Tug saltó a mi brazo de nuevo, lloró, estaba despierta y tenía que salir. Su caminar era titubeante, sus patas tenían problemas para sostenerla. Parecía impulsarse hacia delante, para mantenerse erguida, y se mantuvo a la deriva de lado, como un borracho delante de un bar. Apenas podía sostenerse cuando se paró para orinar, caminó como media cuadra conmigo, y volvimos adentro, siguió caminando y como estaba caminando usé una jeringa para alimentarla y darle agua en el hocico. Nos mantuvimos así por otra hora, hasta que Amy llegó a casa del trabajo, yo le decía a Tug “vas a mejorar, vas a venir a la playa con nosotros y jugar muy pronto”, la playa del Rey había sido su lugar favorito.

Desafortunadamente la desmielinizacion, no es el principal ataque del moquillo, según dijo Foley, es mas un problema secundario.

El moquillo ataca casi todos los órganos del cuerpo, desde los riñones y el hígado hasta el esmalte de los dientes, también la estructura de los ojos, y los lagrimales. En el cerebro mientras los cortos circuitos de las convulsiones ocurren, el virus también ataca otras células incluyendo aquellas del cerebelo, donde reside la conciencia superior.

No lo sabíamos, pero estábamos perdiendo a Tug célula a célula. La lucha duró otras dos semanas, nuestro veterinario intentó con tratamientos de acupuntura y vitamina C, no queríamos pensar siquiera el matarla, las convulsiones no eran dolorosas, nos dijeron que el animal no siente nada durante el episodio. Tug parecía haberse asentado en un patrón de una larga pero suave convulsión, a menudo sentíamos en la parte de arriba de su cabeza como dos músculos ahí palpitaba rítmicamente.

Como si tuviéramos un bebé, nos hicimos cargos de todas sus funciones corporales por ella, esperando que si la cuidábamos de todo lo demás, ella podía luchar contra el virus. Ella perdió el control de sus intestinos y le poníamos pañal, la bañábamos y alimentábamos con una tetera, una fórmula especial de comida para cachorros, suplementos lácteos y agua, mezclado todo en una especie de malteada canina.

Mientras ella siguiera comiendo, lo cual hizo, sentimos que había una oportunidad, perdimos el sueño, parecía que nuestros ojos estaban jugándonos trucos, en realidad no estoy seguro si estaba convulsionando o solo respirando, la vigilábamos cuidadosamente, buscando una oportunidad.

Una mañana después de preparar un coctel de sus medicinas en un vaso de agua calentada en el microondas, observe con la vista nublada, incrédulo como la solución amarillenta evaporo frente a mis ojos. El vaso se partió en dos, le tomó un par de minutos a mi mente darse cuenta que calentando el agua en el microondas había arruinado el vaso.

Eventualmente la pulmonía se instaló, unas veces parecía que Tug olvidaría respirar, y solo lo recordaba cuando la llamábamos. Por ahora estábamos moviendo sus piernas por ella para evitar que se atrofiaran sus músculos, cambiábamos su posición rutinariamente para evitar que el debido a la neumonía el liquido en sus pulmones se asentara en una parte de sus pulmones. Después de un periodo de no respirar, una noche ya tarde, pensamos que tal vez estábamos listos para dejarla ir y ponerla a dormir, mi cansado cerebro engañó a mi boca para decir las palabras “¿crees que deberíamos ponerla a dormir?” Pero no estábamos listos para rendirnos aun. Continuamos la rutina hasta un sábado por la mañana después de que había comido una porción de comida en su biberón, Tug se ahogó y me vomitó, el virus finalmente había atacado su estómago y no podíamos alimentarla. Tarde ese día, mientras me encontraba trabajando, Tug dejó de respirar de nuevo, y Amy la hospitalizó. Ellos podían alimentarla mejor, y comenzaron un tratamiento de drogas más intensivas con un tubo intravenoso. Mientras la visitábamos un par de días después nuestra veterinaria, nos sugirió una cosa; ella había oído de un veterinario en Lancaster quien uso algún tratamiento poco ortodoxo, y preguntó si ella podría tratar una transfusión de sangre de otro perro que tenia y había sobrevivido al moquillo. Su idea no funcionaria, el veterinario Dr. Alson Sears de Lancaster, lo había intentado sin éxito usando simple suero sanguíneo de perros que sufrieron de moquillo. Pero el tratamiento que el dice que funciona es un poco mas misterioso que eso.

Tug murió mientras dormía, apenas antes de su medicamento esa tarde, nos ahorró la decisión de ponerla a dormir. Íbamos camino a visitarla, estaba dando una vuelta a la izquierda apenas un par de cuadras de la veterinaria, cuando mi localizador sonó, se lo di a Amy. Ella dijo “es del veterinario”, después un silencio mientras nos movíamos a través del tráfico, ella dijo “creo que son malas noticias”.

Nos la trajeron a cuarto de auscultación, envuelta en una manta azul y la dejaron sobre la mesa, descansando con sus ojos abiertos y fría al tacto. En las tres semanas que habíamos luchado contra el virus, el pelaje de Tug se había vuelto como el de un pastor. Sus piernas habían crecido, dando la ligera idea de una forma adulta.

Me sorprendí colapsarme en llanto contra Amy.

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Mas o menos un mes y medio después las cenizas de Tug fueron esparcidas en la playa –en una ceremonia con mi hermana y algunos amigos cercanos- distraídamente recogí un periódico de un rescate animal en el mercado del vecindario, en una tarde de caminata. Se lo entregué a Amy y sin pensarlo paró y dijo “se parece a Tug”, una historia acerca de unos pequeños cachorros mezcla de labrador y pastor, que necesitaban ser recatados de un refugio, incluyó una foto del perro que se parecía a Tug.

Ese cachorro murió de una ruptura de intestino antes de que pudiéramos contactar a la mujer que estaba tratando de encontrarles casa, pero Amy encontró a Selkie entre sus hermanos.

El Selkie es una criatura de una leyenda Gaélica, mitad humano, mitad foca, recientemente habíamos visto “El secreto de la isla de las focas” la cual habla de el cuento de un hombre quien captura un Selkie y vive con miedo de perderla. Habíamos oído que pudiera ser un buen perro de aguas, así que el nombre parecía apropiado.

Minutos después de recogerla, estaba en una sala de auscultación presentándola con la Dra. B. ella revisó al animal, le dio sus vacunas –no dejaríamos que sucediera de nuevo- y los exámenes usuales. La Doctora se encogió de hombros y dijo “ámenla y aliméntenla” le dijo a otro veterinario: ¿no es esto la cosa más flacucha en cuatro patas que hayan visto? La rutina volvió, un cachorro en nuestro asiento trasero, en nuestro viaje matutino, que estaría con Amy todo el día.

Entonces desarrolló una pequeña tos, Karen dijo que pudiera ser tos de las perreras tal vez, le hicimos exámenes para el moquillo de nuevo, ella había salido bien, esa era la única razón por la que la aceptamos. El segundo examen pudiera haber sido inútil, ya que la Dra. B la vacunó.

“no puede ser moquillo de nuevo”, nos decíamos a nosotros mismos, si lo fue, al menos sabemos que tenemos una mejor oportunidad luchando ahora, antes de que las convulsiones comiencen. Dejamos a un lado el miedo de lo peor, e hicimos lo que pudimos para fortalecer su sistema inmune. Al menos eso pudiera ayudarla con la tos de las perreras o lo que fuera que era.

“la increíble perra que tose” es como comenzamos a llamarla, hasta piqué vegetales por horas como parte de una dieta especial sugerida por la alianza animal Venecia, los mezclaría con cordero crudo y el resto de su comida, pero Selkie no la comería.

Comenzamos a darle píldoras de vitamina C, no las quería envueltas en pan, teníamos que abrirle el hocico y dejarlos caer por su garganta. Solo era piel y huesos en cuatro patas, desarrolló fiebre, pero aun teníamos esperanzas.

Entonces una mañana, cuando había pedido trabajar desde casa, Amy llamó de con el veterinario, y estaba a punto de entrar en el freeway, cuando Selkie tuvo una convulsión del tipo masticatorio, y le dije voy para allá.

Una convulsión del tipo masticatorio es cuando los perros parecen masticar goma de mascar, y los lados del hocico babean, y a veces echan espuma.

De nuevo con la Dra. B. nos pregunto que pensáramos en ponerla a dormir esta vez, y Amy dijo “no puedo hacerlo”, ahora era ella quien lloraba “no mientras ella aun este con nosotros” Selkie comenzó a convulsionar nuevamente, mas como un perro rabioso. La Doctora, encontró un punto en su pierna, lo presionó con su pulgar. Nos dijo que era un punto de acupresión, se supone que alivia la convulsión. Su hocico se detuvo.

Tuve una idea

Le pregunté ¿quien es este veterinario del que nos hablaste? El de Lancaster!, me dio el teléfono y el nombre del Dr. Sears. Llevé a Selkie a casa y llamé, y un técnico que me contestó el teléfono dijo que no había nada que pudieran hacer, una vez que las convulsiones comenzaron. Pasé las siguientes 24 horas con Selkie, limpiándola, reconfortándola, y dándole su medicamento, por extraño que parezca, recuperó el apetito, y comenzó a comer todo lo que le daba, incluyendo esa mezcla de vegetales y cordero que solía rehusar comer. Entre cada convulsión ella era un perro normal. Seguí buscando en Internet mas información del moquillo, incluso envié correos a un par de veterinarios tratando de encontrar una tasa de supervivencia para perros después de las convulsiones comenzaron, pero no encontré nada que no supiera ya.

La segunda noche, Amy y yo la estábamos bañando cuando comenzó otra convulsión, al principio pensé que era solo el shock de estar de nuevo en el agua, pero Selkie estaba bloqueada en un permanente corto circuito. No se detuvo cuando la sacamos del baño, ni cuando la secamos, y no paró ni siquiera para dejarnos darle su medicamento vespertino. Solo podíamos darle una o dos gotas en el hocico mientras su cabeza se sacudía de lado a lado, escupiendo saliva. Amy dijo “ya no es justo para ella”.

Nuestra veterinaria ya había cerrado, finalmente decidimos que no podíamos esperar hasta la mañana siguiente. Y comenzamos a buscar en el directorio telefónico. Apenas antes de la media noche, subimos a la parte trasera del vehiculo de Margaret, y nos llevó a un hospital veterinario de emergencias en Sepulveda, cerca de Westwood. Esperamos por media hora, con Selkie en mi regazo, roseándome de saliva, mientras veía un episodio malo de Star Trek en la televisión de la sala de espera. Cuidamos de que no hubiera perros cerca, solo gatos.

Finalmente vimos a la veterinaria, le explicamos que Selkie tenía moquillo, ella hizo una revisión rápida, y nos dijo “que es lo que quieren que haga”, entonces Amy le dijo que pensábamos que deberíamos ponerla a dormir.

Unos minutos después, después de firmar algunos papeles, nos llevaron a otro cuarto. Selkie estaba acostada en la mesa, aun lanzaba saliva. Le habían puesto un tubo en su pata. La inyección fatal estaba lista, me despedí de ella, y le dije lo intentamos, Amy también le dijo adiós y que lo sentía. La besamos en la cabeza, y la veterinaria comenzó con la inyección. Finalmente la convulsión cesó, la cabeza dejó de golpear y cesó el babeo. La cachorra que conocíamos volvió, durmiendo. “ella ya no está con nosotros” dijo la veterinaria, casi llorando. “por favor en el futuro, asegúrense de vacunar a su perro” y dijo bien, ella no sabia que el virus nos había vencido con la aguja.

Selkie murió en mi cumpleaños en junio. La esparcimos en la misma playa que Tug. En julio nos olvidamos de perros muertos y volvimos a Upstate New York para casarnos. Algunos amigos míos, enviaron una tarjeta con 80 dólares para ser usados para comprar un nuevo cachorro.

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La Dra. B nos dijo “chicos tienen restricción, el siguiente perro que tengan, debo de aprobarlo”

Por lo anterior, ella se refería, si traíamos a otro perro, y ella tuviera alguna duda, ella nos la quitaría.

Shadow costó 100 dólares, pero eso incluyó un saco gratis de comida.

Ella había nacido en el refugio de animales sur-centro en agosto, comenzamos a buscarla en octubre. Nuestros amigos insistieron en venir con nosotros mientras íbamos de refugio en refugio asustados de que Amy se enamoraría de la cosa mas enferma que se topara.

Pero encontramos a Shadow en una tienda de mascotas en Westwood. PALS la había rescatado del refugio y la había tenido por un mes para estar seguros que estaba sana, antes de darla en adopción.

Ella era juguetona y rápida para lamer a Amy. Lo más importante es que estaba fuerte, Amy la llevó para su primera revisión, la Dra. B le dijo a la cachorra “no te das cuenta, tus cuatro patas acaban de aterrizar en el regazo del lujo”

Amy me dijo después: “la Dra. B tiene un mensaje para ti”: “buen trabajo”.

De nuevo llevamos otro cachorro con nosotros a Sherman Oaks, pero Shadow estaba demasiado llena de energía, masticó muebles, mordió dedos, orinó en los lugares incorrectos, una vez encima de una importante pieza de papel que tuvo la infortuna de aterrizar en el piso.

Éramos –principalmente yo- los dueños más paranoicos del mundo.

Antes de tener a Shadow, nos habíamos mudado a una casa nueva, la mayoría de los juguetes de Tug y Selkie y las camas, habían sido tiradas a la basura-solo por si a caso, nunca la dejaba fuera de la propiedad, y cuando encontraba un desecho de un perro extraño en el frente de nuestro jardín, no solo lo recogía, lo envolvía con papel periódico y una bolsa de plástico, después, metía eso en otra bolsa de plástico.

Creo que hubiera envuelto a Shadow en una bolsa de plástico si hubiera tenido que hacerlo.

Cada mes la llevábamos al veterinario para sus inyecciones de refuerzo. A finales de octubre ella comenzó a estornudar y me aterroricé, de repente dándome cuenta que la había bañado en la misma bañera plástica que usaron Tug y Selkie, de inmediato envié correos a algunos veterinarios, pero me aseguraron que el moquillo no podía transmitirse después de tanto tiempo. Un veterinario me dijo “el moquillo necesita vivir en un animal o laboratorio para sobrevivir”.

Los estornudos no duraron, en diciembre, su última vacuna, la cual incluyó la vacuna contra la rabia. Me entregó la etiqueta de la vacuna de la rabia en la mano, como un alcohólico con una medalla de un año de las que dan en Alcohólicos Anónimos. Dije “ahora si tenemos un perro de verdad”

Sin embargo, ella era el animal más paranoico que pudiéramos haber tenido. Debido a que tuvimos que mantenerla alejada de otros perros, no sabía como jugar con ellos.

Un día Amy se encontró a si misma diciendo que tal vez Shadow necesitaba un amigo. De inmediato me hizo jurar no volver a repetir eso, pero el destino ya estaba trabajando para traernos a Galen.

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No mucho después de que Amy se hubiera preguntado si Shadow necesitaba un amigo, Karen encontró otro perro, un perro callejero de Pico y Alvarado, Karen lo llamaba “el perro rojo” al cual le estaba tratando de encontrar un buen hogar.

A finales de junio durante una tormenta, el motor del Toyota de Amy, se averió más allá de Getty Center Drive en el 405. Tomó un par de semanas encontrar al mecánico correcto, pero cuando el trabajo estaba hecho, no teníamos dinero suficiente para pagar. Nos detuvimos en el departamento de Karen de camino a casa, para pedirle dinero prestado, y Galen se presentó a si mismo con la barbilla y las patas en el regazo de Amy. De nuevo, ella se enamoró, y de inmediato pregunto “no tienes ninguna reserva sobre el ¿verdad? Mientras nos dirigíamos de vuelta a casa, y yo le contesté que ninguna.

Solo para mi mismo admití que hasta ahora casi todos los perros de quien se había enamorado tan rápido, habían muerto, pero pensé “!no! no podría pasar de nuevo”

Por una parte, Galen era un adulto, probablemente de 2 años de edad, era un perro fuerte, que probablemente sobrevivió en las calles por un tiempo, lo mas importante, la Dra. B. lo había revisado y le dio un carnet de salud.

Karen lo trajo para visitar a Shadow ese sábado, y se llevaron bastante bien, y le gustó estar con nosotros, así que ella sólo lo dejo quedarse.

“como puedes seguir haciéndome esto” me dijo Amy, y yo le dije “”¿y ahora que hice?”

Amy siempre ha sospechado que si tengo oportunidad, llenaría cada casa a donde nos mudáramos con animales. Mis dos hermanas así lo han hecho. Ella había jurado que no dejaría que eso pasara, pero no, le señalé que yo no hice nada. Cada animal fue una decisión en conjunto o una que ella se hubiera enamorado completamente.

Shadow aun era una cachorra, para balancear, la agresividad natural de Galen; ellos jugaron juntos, un constante juego de lucha con el hocico y los dientes. Galen rápidamente enseñó a Shadow como perseguir gatos.

Entonces una noche, escuche a Galen tosiendo, me era familiar, demasiado familiar. El siguiente par de días, lo estuvimos observando muy de cerca, sus párpados se hicieron pesados, tenía descarga nasal, lo llevamos a que le hicieran el examen.

“si algo le pasa a Shadow, jamás me lo perdonare” decía Amy

El examen revelo una infección de bajo grado, el moquillo nos había encontrado. Amy me llamó y tuve que preguntarle si deberíamos llevarlo con el doctor en Lancaster, ese tal Dr. Sears del que habíamos oído hablar, y me respondió, “esa no sería una mala idea”.

Al siguiente día, Karen llevó a Galen a Lancaster, él vomitó en el asiento trasero.

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Fue hasta unos pocos meses después del tratamiento de Galen, que finalmente hablé con el Dr. Sears para su historia. El no había regresado mis llamadas anteriores, así que llamé de nuevo.

“déjame fuera de esto” le dijo a su esposa Ruth, cuando escuchó que estaba yo en la linea. Tomó algo de convencimiento de mi parte, antes de que ella me dejara hablar con el. “no quiero ir ahí de nuevo” le dijo a ella.

No estaba tratando de hacerlo mas de lo que el era, le dije, solo quiero escribir esta historia, con el entendido que el Dr. Sears no esta intentando venderse como un salvador de perros. Ruth me puso al teléfono con el.

“El problema era que el tratamiento no había sido publicado, excepto una vez en los años 70, y fue un tratamiento para gatos, para una enfermedad diferente”, dijo Sears, como tratamiento para moquillo canino, no ha sido publicado.

En una convención de 1974, frente a 2,000 colegas, Sears, trajo a colación su tratamiento durante el seminario. El medico principal en el seminario, pensó acerca de ello y después dijo “siéntate, eso es imposible”. Estaba furioso, dijo Sears.

Olvídate de obtener aceptación, dijo Sears, decidió huir de la publicidad, debido a la resistencia continua que él espera ver al tratar de promover su tratamiento. “solo seguiré salvando animales”

Al y Ruth Sears se conocieron en la Universidad de Pensilvania en los años cincuentas. Ella era estudiante de enfermería, y el estaba en la escuela veterinaria. Ella era de la costa este, y Al había crecido en la zona del Canal de Panamá. Ellos se mudaron a California para terminar su entrenamiento veterinario en los años 60. Sears, comenzó a trabajar en Antelope Valley.

“Cuando llegué aquí, el moquillo era tan común como las pulgas”. Como hoy, no había tratamiento para el distemper, y las vacunas, no eran tan fuertes o confiables. Cuando ocurrió un brote, todo lo que podía hacerse era hacer un anuncio, y pedir a la gente que trajera a sus perros, los alineara y vacunarlos.

Sears accedió a encontrarse conmigo, conduje, y almorcé con ambos en el country club. Ruth actúa como una administradora de oficina, ellos trabajan en un pequeño edificio, con una recepción blanca, limpia, a veces visitada por Mitchel, un gato gris. Lo habían dejado un día y nunca lo recogieron, y eventualmente se convirtió en el gato del consultorio.

“llámame Al” me dijo en cuanto nos estrechamos la mano, era un hombre grande con cabello blanco. Cuando manejaba rumbo al Country club, le conté de las perras que perdimos. “debe haber algo que se me pasó” le dije, hablando acerca de cómo los síntomas de Tug, no nos habían avisado.

“no puedes decir la diferencia entre un caso realmente malo de tos de las perreras y un leve caso de moquillo,” me dijo.

Durante los brotes de moquillo en los años 60, estábamos perdiendo 10 perros por semana, dijo el Dr. Sears, trataron una variedad de tratamientos experimentales, incluyendo dosis masivas de vitamina C, otra usando éter, pero ninguno de ellos funcionó.

“la clave de toda la cosa es apagar el virus” dijo Sears. Por accidente encontró una manera en los 70´s, un documento estaba publicado sobre el desarrollo de un interferón para perros. Esencialmente, era un método para simular la enfermedad, combatiendo macrófagos, y células T, para reforzar el sistema del perro. Sears siguió un procedimiento que escuchó, para disparar el interferón, y retirar un material del animal en un momento clave.

Pero eso no lo sabía cuando intentó el suero en un perro enfermo de moquillo.

“literalmente, al siguiente día el perro estaba mejor”

El envió por correo una muestra del material a la Universidad Cornell. Un reporte que le enviaron de vuelta decía que los niveles de interferón eran insignificantes.

“Mientras tanto seguíamos salvando perros, así que no nos importó” dijo Sears.

-Pero ¿cómo funcionó?

-no lo sé -Dijo Sears- lo que no sabemos hasta esta fecha es que material es

Para encontrar las respuestas, requiere una investigación intensiva, eso requiere dinero y apoyo que el Dr. Sears no tiene, y tampoco esta buscando, debido a la fuerte crítica que recibió en los 70, eso lo lleva a mantener su descubrimiento mayormente para el.

Afortunadamente nuestra veterinaria había escuchado de el.

-probablemente lo publicaré, pero será cuando esté listo para salir de la línea de fuego”- el Dr. Sears esta aun al menos a un par de años del retiro, cuando quiere publicar.

“he sido quemado un par de veces con armas grandes antes, y finalmente dije no me importa1”

El decidió esperar hasta su retiro siguiendo el ejemplo de Copérnico, que creía que la tierra se movía a rededor del sol, pero temiendo la ira de la iglesia, no lo publicó hasta el año de su muerte, y Galileo, quien probó que Copérnico estaba en lo cierto, pero se tuvo que retractar, bajo la amenazas de excomunión y tortura por la iglesia.

“Estos son los hitos de la ciencia” –mientras me explicaba por que estaba tan reacio al principio para hablar conmigo. “y todos los recuerdan”

Sears espera que cuando publique su tratamiento, creará un escándalo en la comunidad veterinaria. “Todo mundo gritará”, pero entonces estaré diciendo “esta bien, griten lo que quieran, pero esto es lo que encontré”.

En años recientes, el moquillo se hizo menos problemático. El parvo, un virus poderoso que puede sobrevivir fuera de un perro por un largo tiempo, el cual causa una deshidratación severa, diarrea y muerte, se volvió el problema.

Gracias a las vacunas más comunes y fuertes de hoy en día, el moquillo es más raro.

Galen había sido el primer caso que Sears había visto en al menos seis años.

El tenia fiebre cuando Karen lo llevó, fue tratado con fluidos y antibióticos, estaba claramente enfermo “el no estaba luchando” dijo Sears.

Sears mantiene el material –del color de la cerveza de miel-a lo que el le llama “el suero Goofy”, pero Ruth prefiere el nombre mas respetable de “suero X “ en un refrigerador cercano a la puerta trasera. 10 CC de suero fueron tomados de una simple ampolleta, y fueron inyectados en la grupa. 2 inyecciones más fueron requeridas, así que Galen tuvo que quedarse el fin de semana.

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Foley y otros veterinarios están escépticos acerca de ese tratamiento. Los tratamientos antivirales no han sido exitosos, la mayoría de quienes defienden los tratamientos experimentales, solo están interesados en el acaparamiento de la atención de los medios, financiamiento y los pacientes. “si son tan maravillosas –dijo Foley-¿Por qué no vienen adelante y sean examinados por los métodos de la ciencia?

Pero Foley –quien no conoce a Sears- puede entender por que no sale adelante, las investigaciones cuestan dinero, y el moquillo es mejor controlado através de la vacunación, encontrar un tratamiento después de la enfermedad, es una prioridad baja para la ciencia veterinaria.

“Si yo pidiera una beca para estudiar el moquillo, no encontraría quien la financiara-dijo Foley.

Tuve que trabajar el domingo que Amy y Karen trajeron de vuelta a Galen, pero estaba esperando cuando ellas llegaron a casa.

Mientras esperaba, pensé en la noche anterior a que Galen se fue. Amy y yo nos sentamos con el en la oficina de la casa, donde el tenia que ser mantenido. No quería que Shadow estuviera expuesta al virus. Lo acariciamos, rascamos su cabeza, y tomamos unas fotos. Estábamos diciendo adiós.

“lo se” dijo Karen, “estaba tan enojada, pensé que iba a dejarlo ahí, e iba a morir”, ese fin de semana, hasta Shadow estaba infeliz.

Acerca del momento en que Galen fue llevado a la puerta trasera –respirando, no cremado y esparcido en la playa, no comatoso o convulsionando, todas las cualidades que deseo en los perros- Shadow se abalanzó através de la puerta del perro, rumbo al jardín.

En el caos que resultó, Karen y Amy, me explicaron que de acuerdo al Dr. El virus había sido apagado, sin embargo, el moquillo hubiera hecho ya daño, posiblemente en el estómago, los pulmones, y mayormente en los ojos, la piel de la nariz y las almohadillas.

El moquillo ataca los lagrimales, cerrándolos, haciendo imposible que se humedezcan por si solos. Eso resulta en ojos secos.

Junto con tratamientos de vitamina A liquida, en las almohadillas, y la nariz de Galen, que parece que se secó y se agrietó como el lecho de un lago evaporado, también tuvimos que comenzar a poner pomadas, directamente en los glóbulos oculares de Galen. Amy sostiene a Galen quieto, mientras Karen-quien parece tener talento para estas cosas, y una relación especial con Galen como su rescatistas original- comenzó a aplicar la pomada, mi trabajo solo era sostener a Shadow, pero ella se liberó, y con las patas delanteras, se abalanzó contra Galen. Seria lo más cercano de que un perro pudiera dar un abrazo de oso, como si dijera “HURRA!!, bienvenido a casa!”

Seguimos el tratamiento por un par de semanas, Galen a veces necesita un bozal, por que odia las cremas para el ojo y la nariz. Lo vigilamos cuidadosamente, si relamerse, eran los preliminares de una convulsión masticatoria. Dr. B, vio una de esas relamidas, en una visita. “si fuera una convulsión masticatoria, verán mas” Sears me dijo, que la mielina continua degradando después de que comienza la decadencia.

Ya ha pasado un mes, y Galen ha continuado sano, nos hemos dado cuenta de que es un perro agresivo, que algunas veces morderá, pero estamos trabajando en el, y se esta mejorando.

Mientras tanto la aventura de amor continúa entre nuestros perros.

Su juego favorito es tug.

— Ed Bond,

traducido por Adriana Robles